martes, 4 de febrero de 2014

LOS GAMUSINS






El abuelo se encontraba con la cabeza caída, apoyada sobre sus rugosas manos, su figura inmóvil parecía que estaba empujando sus sentidos hacia al fuego que le calentaba, en la sombra del hogar. El que lo viese desde la distancia, creería que estaba adorando esa llama que hacía hervir el puchero, sujeto con las trébedes.

Allí sentado en su dulce recogimiento, sintió los arpegios que interpretaba la música de su guitarra, cuando daba entrada a la jota, que cantaba bajo el balcón de su amada. Luego oyó en los confines de su imaginación, el sonido del aire cuando se arrastra sobre el borde de la chimenea y comprendió, que por fin habían venido los gamusins.

Al verse descubiertos, estos pequeños entes imaginarios, de carácter travieso y extrovertido, a la vez que tiernos y divertidos, bajaron veloces hacía el fogón, a través del conducto que conduce la emoción de los sentimientos y entraron raudos en el habitáculo de la cocina, desde allí, se dirigieron a todas las casas vecinas, impregnando con su aura mágica a los que creen en los encantamientos. 

Con sus alas invisibles que perciben el sufrimiento, con sus ojos que pueden contemplar las necesidades y con sus oídos que escuchan las angustias; este ejercito de seres intuitivos, que deslumbran con la intensa luz de la felicidad, se arremolinaron junto a los problemas de la gente, con la finalidad de ayudarles a resolverlos.

Entonces fue, cuando con sus brillantes colores cargados de ilusión y esperanza, se enfrentaron a la realidad diaria y fueron capaces de crear movimientos para incentivar a los parados, lanzaron sensaciones de paz a los que siempre están en guerra, hicieron fermentar la masa de la solidaridad entre todos los pueblos, insuflaron aire al rescoldo del amor de los que no aman, pusieron honradez a los que engañan y sabiduría a los que nos gobiernan. 

Poco a poco, la manos del abuelo se despegaron de su cara, entonces contempló absorto que de las huellas de sus manos emanaba confianza, que el fuego se avivaba con la leña de la alegría, que las trébedes soportaban con fuerza el peso de la economía familiar y cuando fue a levantar la tapa del puchero que contenía las necesidades de las personas, descubrió, que ahora todas estaban cubiertas.



martes, 17 de diciembre de 2013

EL GARCHO



La Cañada de Verich, año 1915
Apareció en la plaza del pueblo ataviado con su sombrero negro, que le caía de medio lado, con una chaquetilla corta sobre la que se enfundaba la faja y en la que se apreciaba un bulto con la forma de su pistola. Tenía el “Garcho” la mirada fría, el andar cansino, y la voz recia. Destacaba en su semblante, unas cicatrices que le hicieron en la Guerra de Marruecos, a la que se fue, porque hizo el servicio militar obligatorio, para librar al hijo de un rico del pueblo, todo a cambio de una importante cantidad de dinero.
A su vuelta, fue aclamado como el héroe local, porque llegaron las noticias de sus actos de valor ante el enemigo. Su fama, le hizo prometerse con la hija del cacique, con la que consiguió fortuna y de esa manera, se hizo el dueño del pueblo, al que sometió con tiranía y maldad.

En el cenit de su poder, se asoció con tres compañeros para montar un molino de aceite, que con el paso del tiempo, les proporcionó buenos ingresos. Hasta que al finalizar una campaña, desapareció con todo el dinero de la empresa.

Luego se dirigió al puerto de Valencia para embarcar rumbo a América.
Desde allí escribió una carta a su mujer para que se fuese con él; pero ella declinó su proposición, por temor a que la tirase por la borda en mitad de la travesía.

Si fuese en estos tiempos, este aprovechado gestor no destacaría su presencia en Valencia, ya que los señores que han gobernado durante años esa comunidad, han realizado todo tipo de despilfarros con el dinero público, cuyas consecuencias más actuales es el cierre de Canal 9.

Un canal, que en el Bajo Aragón, hace unos años era muy seguida su programación, por sus películas, sus concursos y especialmente, el hombre del tiempo, del que se decía, que “era el que más acertaba”.
Pero lamentablemente, vuelven a pagar esos desmanes los trabajadores, que se quedan sin su empleo. Todo por culpa de los excesos cometidos por un poder sin escrúpulos  y de cuyos actos infames no se avergüenzan, ni aún siendo imputados o condenados, como el mismo Carlos Fabra.


Estos “Garchos”, son el símbolo máximo de la corrupción, que tanto nos indigna a todos los ciudadanos. Esperemos que en las próximas elecciones, a todos los políticos que han hecho “las Américas”, la fuerza de los votos, consiga tirarlos, metafóricamente, por la borda.
 


miércoles, 20 de noviembre de 2013

SAN MARTIN


                              


La figura funesta del recaudador de impuestos, volvía hacer su aparición en cada uno de los pueblos del Bajo Aragón a primeros de noviembre, después de haber recogido durante todo el año los diezmos y primicias que le correspondía a la Orden de Calatrava, sobre toda clase de derechos que tenía en cereales, aceite, vino, ganados, azafrán, etc. Este colector local recogía de manos del concejo, una tributación fija
llamada “pecha” que aportaba el pueblo, así como las cargas que tenían sobre los molinos de aceite o de trigo, además de los arriendos que se efectuaban sobre tierras de labor cuya propiedad correspondía a la Orden. La entrega de los diezmos y demás prebendas, se hacía afectiva como norma, el día 11 de noviembre festividad de san Martín.

Lo recaudado en los diezmos, no era igual para todos los frutos, ya que cada uno tenía un gravamen diferente. El cereal si que era “uno de cada diez”, pero por ejemplo el aceite, tan importante en la economía familiar, tributaba “uno de cada dieciséis”. Luego con los productos se hacía una repartición bastante compleja de la que era participe el comendador, la primicia para la iglesia, el arcipreste, el arcediano, el arzobispo y el administrador.

Como ya los males de los administradores viene de lejos, estos tenían la fama de quedarse con parte de lo que recogían, sin que el superior al que le tenían que entregar las rentas, se enterase de la sisa. Esto mismo es lo que argumenta el Partido Popular con su gestor de cuentas, pero la diferencia es que ellos si sabían de las artimañas que se realizaban en los despachos.

 Ahora se arguye que el dinero donado por los empresarios no tenía nada que ver con las contrataciones, entonces quiere decir que se entregaba como “pecha” para complacer al “comendador” y que curiosamente pagaban los “diezmos” antes de recoger las “cosechas”.

Después de ver todas estas malversaciones que han hecho con los verdaderos “diezmos” que pagamos el pueblo trabajador a la “Encomienda Mayor” de la Agencia Tributaria y que deben servir para la mejora del estado del bienestar, solo nos cabe esperar en el buen hacer de la justicia, para que a todos estos corruptos que han desvalijado el país y se han enriquecido a costa del erario público, les llegue pronto el popular proverbio de San Martín.
                                      El cerdo murciano no temía a San Martín